No sé cómo hacerlo. ¿Cómo sobrellevar la vida? Dejo que pasen los días sin ninguna actividad. No tengo horarios, dejé de tenerlos o respetarlos hace un par de años. Hoy despierto deprimido, a millones de kilómetros de cualquier otro sentimiento. No hay rabia, ni desprecio. Me levanto y camino hacia el baño, me quedo un rato mirando el espejo y lo que veo reflejado en él no me ayuda. Es la madre de todas mis derrotas. Los ojos rojos me lloran. Es la depresión. No, estoy medio triste nada más.
No me levanto de la cama para ir a trabajar por menos de 250 pesos al día. No creo que sea un error. Me ha tomado mucho tiempo ajustarme a lo que debo hacer. A lo que en verdad debo hacer. Lo que es verdaderamente importante. Pero estoy confundido. Ya no sé qué tiene importancia. Para algunos es trabajar, ganar dinero, comprar una casa y un auto y al final crear su propia empresa. Para otros es comprometerse y formar una familia. Para otros es divertirse bebiendo, fumando y follando. ¿El dinero es la única base? De cualquier manera no hago ninguna de esas cosas importantes. Trato de cultivarme y hasta eso está trillado. No hay valor en eso ante la gente. Es un asunto de crecimiento personal, por llamarlo de algún modo y cualquiera puede hacerlo. No me llena la cartera. Tuve otros momentos de estancamiento que duraron desde un mes, los últimos; hasta casi un año el primero. En aquel tiempo los Lacayos de Jehová me acechaban en mi departamento y yo disfrutaba retándolos a leer algún texto que pusiera en tela de juicio sus creencias. Les leía al “siempre a la mano” Nietzsche, les mostraba textos de la Iglesia Satánica de Anton Szandor LaVey y discutía mis propios puntos de vista con ellos. Cuestión infantil esa, pero aun así ellos me proveían de una chispa de diversión que necesitaba por las mañanas y yo parecía interesarles demasiado. Me querían atrapar. Quizá me veían como el alma que, al llevar a su templo para redimirla, les abriría las puertas del cielo. No porque yo fuera el Mesías, sino porque como decían "el Señor aprecia más a una oveja que vuelve al rebaño".
-Hermano ¿pero qué fue lo que te hizo abandonar la senda de El Señor?
-Gente como ustedes.
-No creo entender eso, hermano.
-Exactamente a eso me refiero. Dudo que comprendan algo de lo que predican.
-Estás a tiempo de regresar. Es IMPORTANTE que lo hagas. -¿Importante dijo? El tipo debía aprender a usar esa palabra con más cautela. Continuó. -Nuestra época es muy difícil. Hay enfermedades y guerras y hambre y pobreza.
-¿Y usted hace algo para evitarlo? ¿Pasa usted hambre? ¿Le preocupa lo que sucede en Irak? ¿O con los indígenas del país?
-¡Pues claro! ¡Esa es una de las señales que describe San Juan en el libro de las Revelaciones! ¡Sólo si todos nos arrepentimos y adoramos al Señor podrá perdonarnos!
-¿Entonces es inevitable que suceda el Apocalipsis? ¿Qué-hace-usted-para-evitarlo?
-Oh, hermano. Mi trabajo está descrito también en Revelaciones 10, versículo 11: “Tienes que transmitir de nuevo las palabras de Dios relativas a numerosos pueblos, naciones, lenguas y reyes.”
-Pues andando. Abraza el Apocalipsis. ¡Aleluya, aleluya, aleluya!
Luego me mudé a un mejor lugar porque de pronto comenzaban a buscarme más seguido y se acabó la diversión. Preguntaban por mí, por el nombre falso que les di. Pero esos grupos están en cualquier lado. Aquí también llamaban a mi puerta y esta vez, al contrario de aquellas otras ocasiones, me deshacía de ellos lo más pronto posible. Pero mi último roce con ellos fue decisivo. No hubo la misma diversión que entonces. Hace un par de días llamaron a mi puerta cuatro hijos de Dios. Era una pareja de cuarentones, y otra de veinteañeros. Recién había salido de bañarme. Llevaba una toalla envuelta en la cintura. Abrí la puerta y apenas alcancé a sacar la cabeza y un hombro desnudo.
-¿Hermano, podemos hablar contigo un momento? -preguntó el mayor.
-Oh, creo que no se va a poder. Acabo de salir de bañarme...
-Bien. Al menos permíteme dejarte esta información -abanicó alegremente uno de sus panfletos en el aire. –Es algo importante. –De nuevo esa palabra.
-¿Podría dejarlo ahí? Créame que no puedo salir, sólo tengo puesta una toalla. -¿Qué hacía yo dándole tantas explicaciones? Debí mandarlos al carajo. No necesitaba eso.
-Ah no -cambió el tono- debo entregártela a ti.
-Está bien- pensé -SI ME QUIEREN VER LOS GÜEVOS, QUE ASÍ SEA. Arrojé la toalla sobre el sillón y salí con una enorme y hospitalaria sonrisa, mostrando orgullosamente el equipo con el que me había echado su benefactor. Las caras se les transformaron pero no dejaron de mirarme, quizá fuera la primera polla que aquella joven de larga falda viera en su vida (o quizá fuera la segunda, luego de la de su padre o su tío o su padrino, o la de su pastor). No, probablemente no era la primera, ni la segunda que viera, pero sin duda no se le iba a olvidar. Se marcharon dándome las buenas tardes apenas tomé su folleto. -Ya está- dije -me he deshecho de mi pudor.
No sólo ellos predican. Quiero decir que no sólo los grupos religiosos. Todos lo hacemos de uno u otro modo. Pero como dije, ante mi incapacidad para distinguir las llamadas cosas importantes, no me atrevía más a dar consejos. Ahora era juez en secreto. Demandante me habla mal de Acusado y yo lo juzgaba. Luego Acusado me habla mal de Demandante y yo arremetía contra este último. Todo en secreto ¿cierto? Y luego Demandante y Acusado se reunían y acababan en secreto con el Juez. Era justo. Era lo que llaman “secreto a voces”. Y nos mantenía ocupados.
Bueno, entonces yo tenía opciones. Podía buscar exhaustivamente un buen empleo o simplemente podía salir a esclavizarme en el primer trabajo que encontrara. Podía pensar que la vida era maravillosa o que era una mierda. Todos tenemos opciones. Casi todos. Hay quienes eligen una vida simple y todo los llena de alegría. Para mí el sol no brilla siempre. Otros se esfuerzan mucho y sufren por su ambición. Sacrifican lo que tienen pero “salen adelante”. Ideas vacías todas. Para sobrevivir sólo hay que reconocer que no tenemos nada en absoluto y que vamos a morir exactamente como llegamos: con el culo al aire. Que vive mejor el que menos necesita. Que la
conformidad es un obstáculo y jamás habría que sentirse complacido ni satisfecho con nada. Trato de ser congruente. Soy un inconforme pero también tenía un plan con el que pretendía lograr algo. Era un buen plan que no quiero describir porque no tendría caso. El plan se fue al carajo. Y eso me hace sentir más solo todavía. La verdad es que no hay tales cosas importantes. Nada importa, sólo existe. He ahí otro de mis juicios.Me decidí por otra opción: acabar de encerrarme en mi caparazón. Qué bonito suena tomar una decisión que no te afecta negativamente ni a ti, ni a nadie. Me decido. Y decido también que nadie confía en mí y que no confiaré en ellos tampoco. Ya tendré tiempo que perder después para volver a INVOLUCRARME en algo.


0 comments:
Post a Comment