Y del mismo modo en que me asfixiaron siendo un niño y fui sofocado en plena adolescencia, hoy continúo perdiendo fuerza. Sin embargo, no soy víctima de ningún verdugo que no sea yo. Víctima y verdugo confundidos en la misma persona. Aunque víctima de ningún verdugo, sentenciado a un castigo otorgado por el mismo azar. Nada he perdido y aún así me he buscado lo que tengo. Pero, por favor, no te enojes ni te frustres. Así son las cosas, y todo lo que puedes hacer es ser valiente, ser paciente y "echarle muchas ganas", "echarle los kilos". Tal vez si todos siguiéramos la máxima de Descartes "Cogito ergo sum", "Pienso, por lo tanto, existo" no escucharíamos frases tan vacías, ni lo haríamos tan a menudo.Definitivamente el Inframundo se mezcló con la tierra en algún momento y los sentenciados al infierno al estamos regados por todos lados.
Yo no sé si es justo que muera un recién nacido, o si lo sea la muerte tras enfermedad de un convaleciente de años, si lo sea una guerra, o si lo sea la paz. Pero injusto debe ser que pagarán muchos a causa de uno solo. Que sufran muchos arrastrados por la corriente de uno solo.
13 horas no son nada comparado con un mes entero. Es una desgracia.
Tres meses recluido en un cuarto pequeño, pintado de verde y con una gruesa cortina roja comienzo a perder todo dejo de esperanza. Los rayos de sol parecen agujas clavándose en un cuerpo cada vez más delgado, pero que alberga una abultada barriga. El cabello más largo así como la barba despeinada.
Estoy recluido sin condena definida. Alguien habrá dictado la sentencia ya. Podrían enterrar este cadáver, una persona muerta para el resto del mundo. Jonás en el vientre de la ballena, el náufrago de una isla lanzando botellas con mensajes al océano que nunca serán contestadas o que no tocarán tierra. Encerrado sin deseos, ni esperanza en nada. Arrastrándome en mi celda, rascando el suelo y las paredes hasta acabarme las uñas, mordiendo mi carne hasta amputar mi brazo derecho. Nada tiene sentido en un instante nada tiene sentido. Todo es confuso o se ha perdido. Todos a quienes he conocido, ahora han cambiado para bien o para mal, pero ya no son los mismos, no así conmigo. En nada he cambiado ¡qué miserable! Pero a comparación de muchos y en opinión de otros tantos, estoy en la gloria y debo agradecer por ser tan afortunado. Vaya desperdicio de tiempo, vaya decepción, vaya tragedia. Cierra la boca y reflexiona. Nada de esto es sufrimiento. Mamá padece un mal realmente grave, y yo sólo me quejo de aguantar sus delirios. El hijo es el padre es el hijo. ¿Quién puede cambiarme el pañal a mí? Aunque sea una sola vez. ¿No me hace todavía más miserable quejarme por tan poco? Aún así, preferiría aguantar cien latigazos antes de continuar con esto.
-¿Por qué continúa con la vida que lleva?
-Oh, es muy sencillo: actualmente no tengo otra opción más que esta. Verá, estoy atado de manos, casi, casi incapacitado. Otro tipo de actividad me ha sido vedada en estos tiempos y de tratar de negarme ni hablemos. Estaría siendo inhumano, indolente y desagradecido, o cualquier otro calificativo que se le ocurra. ¿Sabe? Estoy más cerca de ser un animal, una bestia, que de ser una persona. Y estoy rodeado de ellas, de bestias que no controlan sus esfínteres y se la pasan cagando todo el día. Pero, no importa si no estoy conforme con esto, es mi deber permanecer aquí. ¿A quién más podría importarle?
-Bueno, usted sabe que perdió ya mucho tiempo, es hora de que comience a actuar por su cuenta.
-Así será. ¿Y usted por qué sigue con la vida que lleva? Debe resultarle una cuestión muy placentera.
-Oh, no es mi actitud la que está en discusión.
Comienzo a temblar. Soy tan frágil que en cualquier momento puedo saltarte encima o ponerme a llorar. Bajo por un café y tarde me doy cuenta de que no llevo suficiente dinero conmigo. Me arrebatan la taza de café. Ni siquiera me molesta. De regreso en el elevador pienso que toda esa maraña de situaciones que no puedo resolver son lo que le da sentido temporal a mi vida. Reflexiono un poco más alrededor de esta idea autocomplaciente y acabo tirándome dos pedos que hacen eco en el elevador. No puedo ser más paciente, ni más comprensivo. Las horas pasan muy lentas aunque los días pronto se conviertan en semanas y estas en meses. Dudo que obtener y pedir ayuda resuelva algo. Mientras tanto, el agua comienza a llegarme al cuello, toca las comisuras de mi boca y, ahora sí, comienzo a creer que no habrá una solución, ni pronta, ni eficaz para mí. Fe en Dios, Jesús salva, las valquirias conducen a Odín, Buda nos alejará del mundo terrenal y yo sólo debo acabar de resignarme. Debo dejar de resistirme y seguir la corriente. He hecho demasiado sin que nada funcione o siquiera cambie a mi favor. Debo rendirme. Nadie se acerque pues, si me ofrecen su mano en son de ayuda, inmediatamente me treparé en sus espaldas. No soy alguien de fiar. Sólo hay que preguntarle a mi padre para salir de dudas. Si él no confía en mí, ¿por qué habrían de hacerlo otros? Así es como se trata a los limosneros. Hay que medir su distancia para no tenerlos demasiado cerca. Como si con un poco e compasión y condescendencia le llenáramos las manos. Rodeado de criaturas ruidosas, cuyos llantos ya me es imposible aguantar, lanzo una pregunta al cosmos y a gran velocidad (con la intención, más que para encontrar una respuesta, para deshacerme de ella) ¿Será posible que una palmadita en la espalda me resulte útil? ¡Vaya egoísmo el tuyo! Eres digno representante de los posos de la humanidad y su arrogancia! Mi conclusión es que estás más cerca del final que de un nuevo principio. En ti, los ciclos no existen... Pero los finales... Oh, los finales sí que se materializan. Aún así preferiría aguantar cien latigazos antes de continuar con esto. Pero sería demasiado fácil acabar con esto de una vez por todas. No hay trueque. No es un trato justo. ¿No sabes que siempre hay alguien cuya situación es todavía más asfixiante Estoy sano. Pero por un instante quisiera perder la razón en verdad y encontrarme en un mundo auténticamente lleno de demencia. Pero estoy muy cuerdo. Tanto que quisiera creer en un "poder superior", en un "Creador de lo visible y lo invisible" y así tener un refugio para trasladar mis penas y desahogarlas todas en su magnificencia. Palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras, palabras que nada dicen. Evidencias del patetismo de mi existencia. Masturbación imbécil. No te enteras de nada, sólo tratas de tocar mi frente con las yemas de tus dedos en un intento hipócrita de consuelo, pero sólo funciona para ti. ¿Cómo puedo ser más paciente? ¿Cómo podría encontrar la paz? Si las sendas que recorro, inevitablemente me llevan al mismo punto. El único triunfo de tu vida fue nacer de un vientre arriesgado y valiente, templo que ahora limpias de mierda y honras en la decadencia. En tu soberbia impaciente sabrás tragarte todo antes de desesperar. Sólo ruega por que te extingas de forma menos ridícula que como has aparecido. Ríndete ya. No luches más, que nada habrás obtenido al llegar el ocaso. Es lo único que sabes y es lo único que tienes seguro. Cierra los ojos y deja de tensar los músculos. Entrégate, has alcanzado el final. El agua ahora está por encima de tu cabeza.
¿Qué más te falta? Bueno, creo que sí me serviría hablar un poco. Cara a cara.
-Estoy desesperada. El otro señor que viene a visitarme platica más.
-¿Y qué quieres que te cuente? No tengo empleo, tengo pocos amigos, hace más de un mes que no salgo de la casa, todo lo que emprendo fracasa. ¿Qué podría contarte?
-Espera, dice el gancho que me van a hacer lo de la luz el lunes.
-¿Cuál gancho?
-Pues el del suero. Pon tu mano para que te de esta papaya.
-¿Cuál papaya?
-La que tengo aquí -Pongo mi mano y ella deposita la papaya que sostiene en la suya. -Hija, ¿cuánto me lleva vestirme? -continúa. Cierra los ojos y duerme. Mi desesperación me marea, creo que me voy a desmayar, los pacientes de otras camas gimen y aún faltan horas para que amanezca. Estoy sudando.
-Déjame sola. Vete. No quiero que vengas tú.
-No puedo dejarte sola.
-Estar sola o contigo es lo mismo.
¿A los brazos de quien puedo echarme a llorar? Ahora que lo ha dicho no sabes si creerlo. Está delirando. Corre a escudarte en el beneficio de la duda ante tales ataques.
-Sufrí mucho cuando te tuve y me arriesgué demasiado. De haber sabido que tú serías así, creo que no lo habría hecho.
No estás seguro de si es su delirio, pero sabes que ahora tendrás que lidiar con los tuyos. Aún así, preferiría aguantar cien latigazos antes de continuar con esto.
-Con tu hermana estoy mejor que contigo.
Pero ya nada de eso te sorprende, no obstante, sientes una terrible opresión en el pecho y piensas que no tendrás descendencia. Hasta la luna enrojeció de vergüenza esta madrugada.


1 comments:
Nietzsche dijo: "Derribar es fácil, ¡pero construír!...".
La vida diaria puede llegar a ser muy monótona, ¿verdad?, pero cien latigazos nos privarían a todos de unas palabras tan magníficas como las que has escrito.
La peor manera de vivir es la indiferencia...; y la más honorable, la inquietud por la búsqueda de la felicidad. Porque no somos imprefectos para avergonzarnos de nuestra pequeñez, sino para poder luchar por lo que es realmente grande y hermoso en esta vida...
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