Monday, January 18, 2010

Imposible p1

El sol amaneció brillante y pesado otra vez y yo salí con el presentimiento de que estaba frente a un mal día. No es que esa sensación me fuera ajena. Todos los días me parecen una tragedia. Realmente la vida en sociedad me resulta imposible. Soy incapaz de buscar relaciones con personas desconocidas. Francamente no me interesa nada nuevo. Al menos no mientras salga de la boca de otra persona. Soy incapaz de comprender a la gente. Pero no los odio. Sencillamente carezco de interés. Misantropía podría ser el nombre de esto. No asimilo la idea de que podemos ser fuertes en ocasiones y débiles en otras. La meta es mantener siempre el centro. Pero también creo que la perfección del todo es esta aparente imperfección. El hombre es imperfecto en sus decisiones. Lo sabré yo que he tomado las peores y en ocasiones me he llevado a algunas personas entre las patas. Al menos sé que he sido mi propio verdugo. ¡Bah, qué consuelo! ¡Soy un maldito imbécil por elección propia! ¡Qué alegría!

La soledad es el último consuelo y siempre me dio miedo, pero al analizar el devenir de mi vida comprendo que es mi destino. Hay gente con todo tipo de personalidad, del mismo modo que los hay altos, chaparros, flacos o gordos. Mi grupo era el de los huraños. Ser así desde la infancia me recubrió de una capa de inseguridad que a veces me obligaba a maltratar a otros niños para que los demás supieran que no debían meterse conmigo. Fui duro con muchos. Estoy seguro de que al menos en uno debí dejar un trauma de por vida. Si acaso ese supiera en lo que me he convertido. En consecuencia de mi comportamiento, casi nadie se me acercaba y pasaba solo gran parte del tiempo en la escuela. Pero bueno, no siempre fue así. Logré hacerme de grandes amigos a los que ni el tiempo, ni la distancia, ni las ocupaciones fueron capaces de separarme de ellos, aunque al final ni siquiera con ellos lograba sentirme cómodo. En las reuniones siempre hablaban del trabajo, de sus compañeros del trabajo, de sus nuevos amigos, de sus conquistas, de sus intereses; en vez de hablar de nosotros, del grupo. Ah, también me volví egoísta, según ellos. Así que decidí hacerme a un lado y convertirme en un buen recuerdo mientras todavía pudiera. Del mismo modo ese par de relaciones amorosas que impedí que llegaran a ningún lado. Si a veces me resulta imposible aguantarme, cómo voy a compartir algo con otra persona. Y me hice a un lado de sus vidas para que encontraran lo que realmente buscaban, ese no puede ser un acto egoísta. También abandoné a mi familia, a los pocos que quedaban vivos. Luego de gritarle a mi madre una serie de reclamos en su lecho de muerte me di cuenta de que mi amargura superaba cualquier lazo afectivo que pudiera tener. Lejos de reconfortar a la gente a mi alrededor, les haría daño consciente e inconscientemente. Así que tuve que decirle adiós a todos. Supongo que pude haber intentado mejorar como persona, pero siempre acabé traicionándome. Además, a los flojos nos gustan las cosas fáciles.

La aceptación puede ser importante. Nunca logré sentirme parte de nada. "Ponte la camiseta de la empresa" dicen en el trabajo. "Sé parte del club En Onda". No soy buena onda, ni siquiera creo en mi trabajo. En otro tiempo, durante situaciones desesperadas tomaría la agenda y llamaría a alguna amiga para pasar la noche, pero ahora veo los nombres en la lista y no significan nada. Ni siquiera recuerdo sus caras ni lo que tenían de especial. Follar. Debía ser eso. Follar tampoco significa nada. Ni el alcohol, ni las drogas, ni las visiones, ni las emociones. Nada tiene sentido. Al fin lo he alcanzado. El gran vacío.

Esa frase era masturbación: "Si la vida no tiene un sentido, yo voy a darle uno". ¿No podríamos aceptar simplemente que la vida carece de sentido y que no tiene caso dárselo? Hay que vivir porque sí. Porque podemos. Pero siempre habrá ambición e intereses que no todos compartan. Pero sólo hay que vivir, sin más meta que comportarte lo mejor que puedas. Estas son palabras de un hombre que camina hacia la autodestrucción. Termina un día más de trabajo. Un mal día, desde luego. Un día de esclavitud disfrazada. Al menos en las escaleras (que uso para no toparme con nadie en el elevador) no tuve que charlar con la mujer del aseo que me espera para seducirme.

La tardanza del autobús resulta una buena coronación para el mal día. ¿Por qué no iban a pasar todos vomitando gente? ¿Por qué no el único que pude abordar tendría que descomponerse apenas unos metros adelante? ¿Por qué comenzaría a llover mientras sigo esperando? ¿Por qué no me despido de todo de una vez? ¿Cuál es el objeto de continuar con este suplicio? Lo acepto, he vivido para llegar a este momento.

Saturday, February 28, 2009

En cama

Nada a la vista. Adela, La Chica, antes “mi chica”, vino a decirme que durante nuestra relación se tiró a un tipo del que, por supuesto, no quise saber. Aunque dijo que no había significado nada. Tuve que echarla de mi casa. Más tarde vuelve Gómez con dos botellas de whisky, pero no tengo humor de beber, sólo quiero irme a la cama.

Viernes. Una mañana más tarde lucho para desenredarme de las cobijas e incorporarme a la rutina diaria, pero no lo consigo. Desde mi recámara escucho roncar a Gómez. Debo subirle la renta. Acomodo la cabeza nuevamente en la almohada buscando un poco más de sueño, pero es inútil. A continuación me asaltan una serie de preguntas sin respuesta clara ¿Por qué no he renunciado a ese trabajo tedioso? ¿Por qué tantos gozan de sus oficinas y empleos? ¿Por qué te complace tanto tu llamado “estatus social”? y ¿Por qué tenía que estar enfermo la última vez que le eché un polvorón a Adela? Carajo. Rondo cada pregunta al menos por media hora en la duermevela y cada vez más preguntas sobrevuelan mi cabeza como gaviotas en un puerto. Torpemente, las cortinas filtran al sol que ya está bien alto en el cielo. Odio la oficina, quizá el lunes tampoco me presente y es muy seguro que un par de cretinos o más reclamen mi ausencia. ¿Y qué? ¿No tienen nada mejor qué hacer? Cuando salgo de mi habitación, encuentro a Gómez en el sillón mirando la tele y rascándose las pelotas. Ni siquiera ha prendido la televisión, está demasiado concentrado en su comezón, o acaso se la está jalando. Espero que no y le dejo en paz. Ah ¿qué desayunar? Gómez despierta de su trance y dice que preparará huevos, qué conveniente.

Más tarde me armo de valor y salgo a la calle. Llego a la casa de Adrián, quien no tiene ánimos de conseguir empleo y, aunque los tuviera, tal vez le cerrarían las puertas en la cara, para como está la situación. Me cuestiona por no haber ido a trabajar pues desearía tener al menos una oportunidad. Le digo que si estuviera en mi situación haría lo mismo y que seguramente se habría aburrido ya de su trabajo. Aparentemente ese aburrimiento llega a producir corrupción y delincuencia. La verdad es que el mundo nos tiene bastante desencantados. Ni siquiera las juergas pueden rescatarnos del hastío o darnos un poco de motivación. ¿Para qué enfrentarnos a una resaca? Aún así no parece tan mala idea y preferimos echar un trago del whisky que le regaló su papá antes de montar su auto y dirigirnos a un bar de moda, sólo para salir de lo habitual. Probamos en la cadena, por supuesto no esperamos entrar. A Adrián se le ocurrió que nos presentáramos a la entrada del lugar con latas de cerveza en la mano para molestar un poco a la concurrencia, aunque nuestra mera presencia con atuendos que son claramente diferentes a los de los muchachos frescos que asisten al lugar debe ser suficiente. Primero seremos ignorados y después rechazados llanamente. Al fin sucede, dos gorilas nos toman del cuello dirigiéndonos al estacionamiento y ahí nos dejan. Una chica grita que nos dejen en paz, su amiga la toma de la mano y trata de alejarla de la escena. Adrián parece muy divertido con todo esto, a mi me preocupa el puñetazo en la cara que acabo de recibir y pido clemencia manchando un poco de sangre el cuello del guardia que me apresa. Los guardias se marchan, pero las chicas no. La que gritó primero corre hacia mí, y la otra se planta en su lugar con una mirada que indica que no es la primera vez que pasa esto con su amiga. Cuando ella llega a mi lado y pregunta si estoy bien, le beso los labios y, para mi sorpresa, no me rechaza. Ni siquiera está ebria. Le propongo que abandone la idea de entrar a ese lugar de porquería y continuemos la noche en mi casa. La amiga no quiere ir. Adrián trata de convencerla y lo logra, no sin antes recibir un par de cachetadas. ¿Tendré que llevarla a su casa? Adrián nos lleva a la mía.

A la mañana siguiente lucho por desenredarme de los brazos y piernas de la chica del bar. Gómez está parado en el marco de la puerta oliendo la ropa interior de la muchacha y cuando me mira menea la cabeza de forma desaprobatoria. Gómez dice que Adrián está en el otro cuarto y que a media sesión lo dejó entrar para que él pudiera montar a la amiga de Olivia, que no me suelta. Delicadas jovencitas ambas. Seguramente contarán a quien les pregunte que su amiga se embriagó y que debieron llevarla a su casa, donde quedaron atrapadas hasta el día siguiente. Quién sabe, tal vez acepten lo que han hecho y acaben diciendo que no significó nada. Y en eso estaré de acuerdo.

Tuesday, March 18, 2008

Sandra

9:51 p.m.
Aunque poseía una vida relajada nunca podía estar tranquilo. Los días corrían inalcanzables, pero las noches no eran tan malas a fin de cuentas. Nunca estaba sólo. Al menos así me sentía y no estaba tan equivocado.
-No grites así, ni que fuera para tanto.
-¿Y qué quieres que haga entonces?
-Que no lo hagas tan fuerte -dije sonriendo.
-¡No! ¡Tú no lo hagas tan fuerte!
-Cállate -y continuamos. Luego dormimos doce horas.
Sandra no lograba concentrarse en algo que no fuera sus estudios y la pastilla anticonceptiva. Aunque eso era una gran ventaja (sobre todo lo último) ya no me bastaba para lo que en verdad deseaba. La conocía poco, pero lo suficiente como para haberle ofrecido vivir conmigo y de algún modo había llegado a amarla.
Que mis padres compraran una casa me dejó un departamento para usarlo como “taller”, que es lo que ellos saben. Soy un señorito burgués en un matriarcado perfecto. La familia Reyes se ha distinguido por eso durante más de cuatro generaciones. Aunque el resto de las familias también son matriarcados.
Los señores Bianchi habían echado a su hija de casa por “hereje” cuando se negó a ir a la misa dominical, lo que significaba para ellos la excomunión instantánea tanto de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana; como de la familia. Ahora la pequeña de 20 años vivía en mi departamento. Sin trabajo pero en la escuela y yo como sustento.
La familia Bianchi, italianos entonces, había llegado a principios del Siglo XX a América, buscando la Tierra de las Oportunidades, pero terminaron estableciéndose en México. Cuando Concepción González llegó a la residencia de Ciccio Bianchi, el joven primogénito italiano no tardó mucho en encamar a la ingenua Conchita, que servía a los Bianchi. Conchita se embarazó y de inmediato reclamó matrimonio. Ciccio fue obligado a acudir a un sacerdote para que los uniera en Sagrado Matrimonio y así no levantar polvo con su pecado. Durante el embarazo, Conchita frecuentaba al médico de la familia para hacerse una revisión semanal. El reconocimiento era completo.
-¿Podría quitarse la ropa por favor señorita? -Decía el médico con voz profunda.
-Ay doctor... ¿es esto necesario?
-No se preocupe -decía el médico -esto es meramente rutinario. Yo sé que usted está en excelentes condiciones -comentaba mientras exploraba el bien formado cuerpo de Conchita.
-¡Cómo será Doctor Varela! Ni la burla perdona.
Meses después el pequeño Benito, como Mussolini (¿o como Juárez? No recuerdo), vio la luz. La vida de Benito no tuvo nada relevante, hasta que conoció a Eva Lara. Hace veinte años la embarazó, se casaron (para continuar con la costumbre y, sobre todo, para conservar la moral católica tan arraigada en la familia) y nació Sandra.
Yo, Federico, había dejado la escuela hacía apenas un año atrás, con un título que me acreditaba como Comunicador Gráfico y mi empleo consistía en pesar paquetes para que la gente colocara las estampillas equivalentes al costo del peso. El correo no paga muy bien pero mi “mamita” enviaba una mensualidad que nos mantenía a Sandra y a mí. Además de que es un empleo que me permite dedicar más de la mitad del día a mis “ocupaciones personales“.

6:45 p.m.
-¿Cuándo vas a conseguirte un mejor empleo?
-¿Que cuándo voy a conseguir empleo? -se quejaba a veces y hoy es un día de esos -tendré un mejor trabajo cuando la sociedad sea justa con los profesionales y los salarios tengan el suficiente poder adquisitivo como para comer bien con un día de trabajo.
-No me gusta que me contestes así. ¿Me crees idiota? -la miraba en silencio -¡Contéstame! ¿Te quedaste mudo?
-¿Y para qué quieres que consiga un mejor empleo? Si todo lo que pides lo tienes. Además, nos alcanza bastante bien con lo que tenemos, no necesitas más -continuaba sin sentido y entre dientes agregué -Al menos no materialmente.
-¿Y tú qué, no piensas mejorar? -me sacudió un golpe seco junto con un ruido sordo.
-Yo... -la boca seca -el correo es... ¿te dije que una señora me pidió que le hiciera unos grabados?
-Eso no basta -ahora su voz tenía un extraño tono conciliador -desde mañana compras el periódico y... -Sonaba el maldito timbre y quién podía ser sino Gómez. Sin haberlo visto podía saber que era él. Siempre llegaba en las peores situaciones y su manera de llamar a la puerta era inconfundible... sonaba como las demás pero tenía un tono jodidamente insistente. Cuando Sandra abrió la puerta, alcancé a ver la estúpida sonrisa de Gómez. Gómez es un tipo regordete, adicto a los antidepresivos y al whisky. Gómez lleva una vida como la mía. La diferencia entre nosotros radica en que él no tiene ni empleo, ni a Sandra.
-Es Gómez -dice Sandra sin amabilidad y esquiva un intento de Gómez por besarla. Así saluda Gómez.
-¿Cómo están? ¿Llego en mal momento? Escuché como que discutían.
-Para nada Gómez, siéntate -dije.
Sandra corre a nuestra recámara huyendo de Gómez. Y no es que la compañía de Gómez me sea molesta, es un buen tipo, supongo; pero no conozco a nadie más pesado que él. Tal vez sean mis prejuicios.
-Oye... -dice Gómez en voz baja, como queriendo ocultar algo -¡Pero qué pedazo de carne has agarrado cabrón! ¿Deja que te la folles por detrás? -no, no son mis prejuicios -¿Ya cuánto tiempo tiene aquí? Bueno, eso no importa. ¡Te la has de tirar diario, hijo de tu pinche madre!
-Nada de eso Gómez- mentí.
-Pues qué pendejo eres, yo no dejaba ese culo en paz ni un instante.
-Tú sabes que soy un pendejo- repliqué.
-Siempre lo has sido.
-Y lo seguiré siendo -me harté.
-Ya sé... Pero no vine para molestarte -es bueno saberlo -¿qué van a hacer al rato?
-Pues no tenemos nada planeado en realidad nunca tenemos nada planeado, somos amantes de la espontaneidad. Pero hace dos semanas que no salimos a ningún lado ¿qué sugieres Gómez?
-Pues vamos a chupar ¿no? -no esperaba otra propuesta de Gómez -conozco un bar que, si bien no es de lujo, aguanta para un rato -buena sugerencia -¿entonces nos vamos ya o qué?
-¿No es muy temprano? Apenas van a dar las siete
-¿Y si es temprano qué? ¿Vamos o no?
-Tengo que ver si Sandra quiere ir. Últimamente ha estado un tanto triste, ya sabes, sus papás no le hablan, ni contestan sus llamadas... -mentir es un oficio que muy pocos saben manejar.
-¡Te has vuelto su esclavo!
-¡No la puedo llevar a la fuerza pendejo, deja de estar chingando!
-¡Ay, el sometido!
Gómez tiene una cabeza particularmente grande. Gómez nunca se cansa. Gómez se ríe y hurga en la cantinita mientras camino a nuestra recámara. Sandra ha encendido el televisor.
-¿Ya se fue el marrano? -ladra apenas abro la puerta.
-No... -sonrío -pero nos invita a un bar.
-¿Ir con él? ¡No me jodas! ¡Yo no salgo con él para nada! La última vez trató de meterme mano! -y no mentía. Para cuando me di cuenta Gómez le estaba levantando la falda y al instante tenía el dulce puño de Sandra en la nariz. Lo último que recuerdo es que la hemorragia paró media hora después, ante un médico de cuarta.
-Tú sabes cómo defenderte. Además, te juro que esta vez no te dejo sola.
-Como siempre -y como siempre tenía respuestas encantadoras para todo.
-Bueno ¿vamos o no? Ya sabes que él paga.
-¿Dónde está mi abrigo?
Salgo de la recámara y veo a Gómez revisar mis discos con un vaso de Jack Daniels en la mano. Siempre tengo Jack Daniels.
-¿Entonces vamos o no? -pregunta el buen Gómez.
-Espera Gómez, tenemos que terminar algo que empezamos.
-Bueno ¿los espero abajo?
-No tardamos.
-¿Qué van a hacer que no me necesitan?
-Nada Gómez. Ahora te alcanzamos. Ya sabes, las mujeres siempre tienen que estar presentables por si se ofrece -dije en voz baja -yo le digo a Sandra que no se moleste porque ella siempre luce hermosa, pero nunca me hace caso. No te preocupes, no tardamos -lo dicho, mentir es una habilidad que pocos tienen y el sarcasmo es encantador.
-Bueno. Supongo que no me vas a invitar.
-Supones bien.
-¿Ni a ver?
-Ve a sacar el auto -lo empujo fuera del departamento.
-Pero no te tardes. Pinche ojete -escucho que dice cosas que no alcanzo a entender mientras espera el ascensor. Espero que se rompan los cables del elevador, que caiga sin control y Gómez muera... ¿pero quién pagaría los tragos? ¡Larga vida a Gómez! Sandra sale de la recámara, no se ha arreglado pero brilla como siempre.
-A ver, Federico ¿estamos de acuerdo en que tienes que encontrar un mejor empleo?
-De acuerdo.
-¿Estamos de acuerdo en que mañana mismo dejas el correo y sales a buscar un trabajo a tu medida?
-De acuerdo mamá.
-¿Nos vamos? -me da un beso.
-Vamos, soy tu esclavo –y vuelvo a tener ocho años.
6:54 p.m.
Cerré la puerta mientras Sandra presionaba el botón del elevador. Tarda. Me acerco lo suficiente como para tomarla por la cintura.
-¿Qué haces? -pregunta aunque sabe qué intento.
Vivimos en el quinto piso. El ascensor llega justo a tiempo para evitar que haga presa de su cuello. Es un elevador pequeño.
-¿Qué haces? – vuelve a preguntar con una sonrisa felina.
-Nada -ella sabe lo que hago.
-¿Cómo se para esto? -pregunta.
-¿Ves el botón rojo?
Nos detenemos en el tercer piso. Sandra me besa. Yo apuesto mi boca en su cuello y mis manos aprietan sus nalgas. Lleva la falda gris que cae por debajo de sus rodillas. Comienzo a jugar con mi mano entre sus piernas. Me desabrocha el cinturón, luego los botones del pantalón; para cuando llega a la bragueta me la ha puesto tan dura y lista para saltar fuera, pero alguien pide el ascensor en el quinto piso.
-¿Están llamando al elevador? -pregunta Sandra sin soltarme el canario.
-En el quinto piso -le contesto mientras desabrocho su blusa.
-Que esperen -Sandra vuelve a lo suyo.
-Ahora es en este piso.
-¿Pues cuánta gente vive aquí?
-Olvídalo. Sólo no vayas a gritar como anoche -me sonríe mientras levanta su pierna derecha. Así que echo a un lado sus bragas y le doy un beso como para pedirle permiso, me responde violenta con su lengua. Tomo su muslo derecho y la penetro de una vez. Me muerde un labio. Su interior es cálido. Sandra es así. Nuestros movimientos son torpes en un lugar tan pequeño. Sandra comienza a gemir, pero no le puedo reclamar nada. Levanta su otra pierna y se cuelga de mí. Cierra su ojos y se entrega completa. La penetro con cuidado mientras me muerde los labios. Una vez, otra y otra la presiono contra la pared del elevador. Cuando vuelve a abrirlos me clava la mirada a los ojos, me reflejo en ella. Mis piernas no dan para más pero no importa. Por debajo de mi camiseta rasga mi espalda con sus uñas mientras le muerdo una oreja. Grita. Ahora comprendo que follar no es igual a hacer el amor. Sandra y yo hacemos el amor. Aún así, esto es inmoral somos sucios. A veces Sandra dice cosas que no entiendo.
-Federico -apaga mi nombre en un suspiro.
-Te amo -contesto.
Han pasado 10 minutos desde que entramos al ascensor. Planta baja y Sandra sigue sonriéndome, yo sonrío también y la anciana fuera del ascensor nos sonríe; todos parecemos felices, pero ninguno lo somos. ¿En realidad nuestras vidas son tan vacías? Espero que algún día esto cambie. El frío de la noche nos abraza.

7:08 p.m.
El Horario de Verano hace que a las siete todo se vea como a la media noche. Ninguna Cenicienta a la vista, sólo la gorda cabeza de Gómez asomándose por la ventanilla de su auto.
-¡Apúrense chingá! -chilla.
-¡Cállate esa boca, nieto de puta! ¿Qué no ves que hay una dama presente? -le reclamo entre risas mientras le abro la puerta del auto a Sandra.
-¡Pero por supuesto, cómo pude olvidarlo! Disculpe usted, bella damisela -dice Gómez mientras hace una reverencia. Sandra le enseña su dedo medio.
-¿Adónde vamos? -pregunta Sandra.
-A “La Roca“ -responde Gómez.
-Suena como un congal. ¿Es un congal? -digo.
-No, no es un congal, es un bar cualquiera.
-¿Y por dónde está? -pregunta Sandra.
-Por Cabrera y Lavalle.
-¡Ah, ya sé dónde es, yo pasaba diario por ahí cuando iba a la prepa! Mis papás viven a dos cuadras de Cabrera -dice Sandra apretando mi mano. ¿Querrá que los visitemos? Espero que no. Sus padres nunca me “aceptaron“. Pero ese es el precio que se ha de pagar cuando eres un pelagatos cualquiera. Pero debo agradecerles que me hayan mandado a su retoño después de echarla de casa ¿cómo pretende volver si no lo ha hecho desde entonces?
-Pues si quieres podemos pasar a verlos, al fin está cerca -Gómez siempre tiene buenas ideas.
-¡Oye, no estaría tan mal! -Sandra ama a sus padres. -¿Tú qué dices mi-amor? ¿Pasamos?
-¡Ve tú si quieres! ¿Crees que Eva quiera verme después de que le robé a su única hija? Me sacaría los ojos apenas me viera. Mejor no me arriesgo. No me gustan los dramas. Además qué caso tiene hacerle pasar un mal rato a tus papás.
-¡Anda, vamos!
-Ya te dije que no, hay que esperar al menos otra semana.
-Pero ya estamos cerca. Yo creo que sí deberíamos de ir -¿Quién lo invitó? Gómez nunca se cansa.
-¡Calla tu gorda boca y no la metas en esto imbécil, tú no sabes lo que sus padres pueden hacer si la ven conmigo!
- ¿Te importan mucho sus papás, no? ¿Qué le pueden hacer güey?
-Sí ¿qué me pueden hacer?
-¡Pegarle unas nalgadas! ¡Eso es..! -estalló la cabeza de Gómez con una carcajada y Sandra lo siguió.
-¡Ja-ja-ja! ¡Mis papás pegándome unas nalgadas!
-¡Bueno ya basta! -grité. No podía creerlo. Sandra y Gómez se reían de mí. Era una comunión que nunca imaginé.
-No te enojes Fede -nunca me ha gustado ese apelativo -ya verás que no va a pasar nada. Mi mamá no es como te imaginas, ella sí sabe cuándo controlarse...
-Vamos pues... -estaba resignado -Da vuelta en el semáforo Gómez.
-Sé por dónde ir pendejo -chillaba esa gigantesca cabeza -pero creo que ya no se va a poder.
-¿Por qué? -pregunté -¿qué pasó?
-Se ponchó una llanta...
-No mames...

7:35 p.m.
Sandra decidió que lo mejor era caminar al edificio donde viven sus papás y no quedarse a esperar a que cambien la llanta. Alguien tenía que ayudarle a Gómez así que me quedé muy a mi pesar, tuve que hacer el sacrificio. El edificio está a menos de cien metros y podía ver a Sandra caminando con la cabeza agachada hacia el edificio, ahora voltea hacia donde estamos, se acomoda el cabello, entra al edificio.
-¡Pásame la llave de cruz, cabrón!

7:54 p.m.
-Yo no quiero subir güey, a mí me late que su mamá me va a mandar a la chingada -gemí.
-Ya no seas puto y sube.
-¿Y tú me vas a acompañar?
- No ¿cómo crees que voy a dejar el coche aquí? Alguien tiene que quedarse a cuidarlo ¿Qué tal que llega uno de tránsito y me lo levanta? ¡No mames! Además por lo que dices esa señora es una fiera y no quiero que me confunda con uno de tus “amigotes” -decía mientras sostenía una sonrisa desesperante -¿Qué tal que a mí también me quiere sacar los ojos? ¡Ja-ja-ja!
-¡Vamos güey! ¡Acompáñame! - y yo estaba ahí suplicándole a Gómez.
-No, cabrón. Esa es tu bronca ¿Además a qué le tienes miedo, qué te puede hacer esa señora si Sandra es mayor de edad? -al fin salían frases sensatas de su boca, ya no parecía tener una cabeza gigantesca -ándele güey, no se apendeje.
Las palabras al aire de Gómez me animaban un poco. ¿Qué me podría pasar? No mucho. Legalmente, Sandra ya era mayor de edad y no necesitaba el consentimiento de sus padres para actuar, Tal vez unos insultos, quizá hasta rasguños; pero tengo una buena cicatrización. Todo está bien.
-No güey, mejor no voy a subir.
-Chale.
Y nos quedamos sentados en el cofre del auto aguantando el frío.

8:26 p.m.
Tuve que subir por ella una hora después de que nos había dejado. Me paré frente a la puerta y llamé tres veces. Temí que mi “nok, nok” sonara descortés.
-Ha de ser Federico -escuché decir a Sandra.
-¿Qué! -aulló su madre -¡no me digas que trajiste a ese adicto! -sonreí al escuchar eso.
-Ya, mamá -y Sandra abrió la puerta.
-Buenas noches -dije con el tono más servil y una sonrisa en la boca, pero no encontré respuesta.
-Buenas noches -susurró al fin mientras se retiraba a la cocina. Ahora sé cómo se siente Gómez.
-No le hagas caso -me dijo Sandra en voz baja -así es siempre.
-No, yo creo que no ¿por qué no te despides y nos vamos? El Gómez se va a arrepentir.
-¡Por supuesto que no! -dijo contundente -voy a esperar a que llegue mi papá para saludarlo -su madre volvía de la cocina lanzándome fuego por los ojos, pero disimulando con una sonrisa que hacía resaltar una vena en su frente, Eva Lara era una mujer de cuidado con la que no podría usar bromas baratas para “romper el turrón”.
-¿Gusta algo? -dijo con su mirada clavada en mis ojos -¿café, té, refresco..? ¿Cerveza? -Sandra sonrió, ahora sabía por quién era así.
-No señora, gracias, no acostumbro tomar en una casa de buena moral -sonreí –sólo tengo mala pinta, pero no tan mala educación.
-¿De qué habla usted? -había cambiado su mueca.
-De nada, no me haga caso.
-Mamá -entró Sandra.
-¡Que no? ¡Usted incita a mi hija para que se aleje de nosotros y quiere que todo me lo tome muy a la ligera?
-Nada de eso señora ¡Nada pasó así! -bienvenidas sean las lágrimas, Eva se quebraba en llanto ante la mirada atónita de su hija.
-¡Me llevó veinte años educar a Sandy como para que un mugroso venga a robármela! -seguía con el llanto.
-Sandra está en mi casa porque ella lo quiere -Sandra en silencio -¿no es así? ¡Dile a tu mamá!
-¡No le grite que no tiene derechos sobre ella! -esa frase me hizo reír como nunca y no pude contenerme.
-¡Ahora se ríe, desgraciado! -y seguía llorando con las manos en la cara y la cabeza hacia el suelo -¡Yo no sé qué hice para que mi Sandy se largara con un patán! ¡Buu-juuuu-juuu! ¡Dios mío, qué le pasó a mi Sandy! -era tiempo de huir.
-Mamá, espera...
-Discúlpeme señora, pero me parece que tiene que hablar con Sandra de muchas cosas. No es momento para pelear, así que mejor me voy para que usted pueda continuar con su escena. -Me sentía como un viejo -Si Sandra quiere quedarse o no, será su propia decisión, ni suya, ni mía -no era yo el que hablaba, esta vez la razón sobrepasaba mis acciones -dile a tu madre adónde te quieres quedar, aquí o conmigo -Sandra no hacía nada.
-¡Es usted un cobarde, ¡Un desgraciado! ¡Cobarde!
-Soy lo que usted me diga Eva... -al escuchar que la llamaba por su nombre se descubrió la cara y me miró con los ojos tan abiertos como su boca. Al momento volvió a dale al asunto de las lágrimas -si vas a volver, te espero en el bar.
-Está bien -dijo Sandra mirándonos incrédula.
-¡Y, además, borracho! -sacó entre sollozos.
-¡Ya cálmate mamá!
Me dirigí a la puerta, giré la perilla y salí mientras escuchaba cómo la madre de Sandra le gritaba -¿Y te vas a ir con ese infeliz borracho! ¡Yo sabía que cuando entraras a una escuela pública te nos ibas a descomponer! ¡Esto es un castigo de Dios! -y otras cosas que sin duda había modificado de las que había aprendido de la abuela, y la abuela de su madre y así por los siglos de los siglos amén.
Era un día nublado y hacía frío, el viento soplaba fuerte. Gómez esperaba en su auto fumando un cigarrillo.
-¿Qué pasó? ¿Ya estuvo? ¿Ya te vas a casar?
-¡No mames! ¡La pinche vieja se puso a llorar!
-¿Y Sandra?
-Calladita, calladita.
-Que dónde la dejaste, pendejo.
-¡Se quedó arriba, no me preguntes!
-Chale, ¿y la esperamos o qué pedo?
-¡Ni madres! Le dije que si quería regresar, nos alcanzara en el bar.
-Bueno, entonces ya vámonos ¡porque quiero olvidar! Ja-ja-ja.
-Pinche Gómez, ya arráncate -le grité mientras por el retrovisor veía algo que me inquietaba -no, no... espérate.
-¿Ahora qué?
-¿Ves al señor que va subiendo?
-Sí -contestó Gómez.
-Es el papá de Sandra...

9:24 p.m.
En “La Roca” no hay nada bueno. Una rockola, una mesera gorda con plastas de maquillaje, obreros con el cabello a lo “Taxi Driver”, políticos improvisados, maestros que buscan huir de los coñitos de sus alumnas hundiendo la nariz en un tarro de cerveza y esposos cansados del matrimonio, en busca de un buen par de tetas gordas en dónde meter la cara y olvidarse de la de sus esposas. Los jóvenes no caen en lugares como este. Sólo están los que caben.
-¡No mames! ¿En serio se soltó a llorar? ¡Pinche vieja chantajista!
-Dímelo a mí. Y la pinche Sandra no decía nada. Me lleva la chingada.
-Ya güey, no puedes culparla, ¿Cómo escoger entre tu madre y tu palo?
-Ése será tu caso cabrón. No confundas. ¡A mí me pones aparte que yo no soy ningún chingado palo!
La plática transcurría entre largos tragos de cerveza. A cada momento giraba la cabeza hacia la puerta para cerciorarme de la llegada de Sandra, pero eso no parecía ocurrir.
-Ya cálmate, te ves bien pálido.
-¿Pálido yo? Déjate de bromas, Estoy emputado, que es diferente.
-De cualquier modo, ya cálmate. ¿Qué ganas? Además qué tiene si se queda con sus papás, tú sabías desde un principio que no la ibas a poder mantener quieta, sabías que tarde o temprano iba a regresar.
-En eso tienes razón, pero sigo molesto porque se quedó callada.
-Carajo, pareces niño, ya cállate. ¡Chabelita, dos oscuras por favor -¡le habla a la camarera por su nombre!
-Ya habías venido a este lugar.
-Soy cliente asiduo. En mis ratos libres enamoro a Chabelita.
-No mames, pero si no es más que un pinche clon de Paquita la del Barrio.
-Pero da buen servicio... –guiña un ojo y ambos estallamos en risas interminables. El par de negras llegó a la mesa y bebí un buen trago a mi botella, nunca he sido buen bebedor pero esta vez siento que no hay nada en mi interior y la cerveza cae a un vacío. Gómez es diferente, él puede beber mucho. Hay veces en que lo admiro más como bebedor que como persona.
-Me siento tan vacío Gómez, no sabes, nunca había tenido esta sensación.
-En tu vida te he conocido al menos a tres mujeres y sé que Sandra es tu reflejo.
-Yo también lo sé.
-¿Qué más te puedo decir? Siempre quise besarle las nalgas.
-¡Chinga-a-tu-madre! -Y volvimos a reír mientras recordaba que yo sí le había besado las nalgas y el coño y los muslos y las rodillas y los ojos y los brazos...
-¿Te acuerdas del señor que entró al edificio de Sandra antes de venir?
-¿Su papá?
-¡Tu suegro! -más risas.
-¿Qué tiene?
-Acaba de entrar y se va a sentar cerca.
-¿En serio? ¿Y crees que venga a buscarnos?
-A “buscarte“. Está sólo, lo voy a invitar a nuestra mesa. Sería poco cortés dejarlo beber sólo ¿no crees?
-¡No mames pinche Gómez, no hagas mamadas!

10:05 p.m.
Cinco minutos después, Benito Bianchi estaba en nuestra mesa dándole sendos tragos a una botella de “Indio”. El pobre no se enteraba de nada. Para él no éramos nadie más que un par de jóvenes medio ebrios que “cortésmente” lo habían invitado a compartir mesa.
-Nunca conocí Italia pero puedo sentir que corre por mis venas.
-¿Qué usted es Italiano?
-No, no precisamente -el viejo Benito siempre mirando hacia su botella -¿Y ustedes qué hacen aquí? ¿Son novios o algo? -risas. Su risa sonaba un tanto desesperada pero lo acompañamos. Era como si quisiera evitar algún problema.
-¡Jaa-jaa-jaa! Para nada, sólo vinimos a olvidar las penas.
-Qué bien muchachos. Yo también estoy viéndomelas difícil. Mi hija se fue de la casa con un cabrón y acaba de regresar, pero está peleándose con su madre y cuando eso ocurre es mejor que estén solas.
-Es que en la calle hay cada cabrón, que ya no se puede uno fiar -pinche Gómez riéndose de Benito y él ni enterado. ¿Yo? Hundiéndome -Por ejemplo, uno puede estar hablando con el que al rato le va a partir la madre.
-Y es cierto ¿verdad? Ya no podemos confiar en nadie.

11:04 p.m.
Después de cinco cervezas y un par de líneas el cuerpo comienza a responder de manera distinta. El viejo Benito ya había aflojado su corbata, había puesto su saco en el respaldo de la silla y cuando se hubo remangado la camisa nos miró e insistió:
-¿Son maricas o dónde están sus novias?
La pregunta nos había tomado por sorpresa. El alcohol estaba trabajando. Gómez me miró y dijo:
-Están en sus casas, hoy no las dejaron salir.
-¡Ah qué niñas! Al menos se conoce que tienen una buena familia.
-La mamá de la mía me mostró un poco de su hospitalidad católica -cuando dije esto, Gómez estalló en risas.
-Eso de la promiscuidad, los embarazos no deseados, y luego, ¡el aborto! Nada de eso existiría si siguiéramos la palabra de Dios. Pero ya ven, nada es posible en este mundo tan pervertido.
-Tiene razón, si seguimos así, adónde vamos a llegar.
-Ya no hay respeto por los valores que nos inculcaron nuestros padres -se nos daba aquello de la actuación.
-Qué bueno es escucharlos hablar de esa manera. Los jóvenes de ahora ya no se preocupan por su futuro. Es como les comentaba. Mi hija se fugó con un cualquiera. Debe ser un drogadicto. ¡Qué amistades las de esta muchachita! -Gómez soltaba una risita desesperante, como si un globo se estuviera desinflando -¡Ay yo no sé qué será de Sandra, porque así se llama, Sandra Bianchi, yo soy Benito Bianchi.
-Mucho gusto. Yo soy Federico y éste es Gómez.
-Extraño nombre -un trago largo a su botella -uno como padre les da todo el apoyo y es justo que después de un tiempo nos devuelvan lo que hicimos por ellos. Pero luego salen con cada chiste que... ustedes discúlpenme, no quería aburrirlos, pero es que no aguanto la idea de que mi niña esté viviendo con un vago -Gómez se desinflaba otra vez.
-No sé qué decirle señor -sonreí -tendría que ser padre para ver como usted.
-Es que como padre nunca le negaría nada a mi hija, a mi única hija.
-Lo sé, yo tampoco le negaría nada nunca.
-Creo que ahora nos vamos entendiendo.

11:49 p.m.
Gómez y el tal Benito se habían levantado. Yo miraba el reloj de “La Última Cena” en la pared con insistencia. Sandra no llegaba y comenzaba a dudar que lo hiciera alguna vez. Siempre he sido tan inseguro y eso me ha buscado problemas terribles. Prefiero evitar a las personas con las que tengo algún asunto en el que pueda quedar mal sólo para no discutir. Aborrezco las discusiones banales. “¿Para qué hablar si podemos arreglarlo a golpes?” Esa estúpida frase resumía mi estado de ánimo diario, pero no podría pegarle ni a un perro. Con las peleas nada se resuelve pero la realidad es que nunca importa nada. Aún así, no puedo discutir con nadie. No es que sea cobarde, pero prefiero actuar sin que me vean, eso siempre funciona y nadie resulta lastimado.
Como esclavo del dolor, en él encuentro el placer que la vida olvida darme. ¿Para qué quiero a la vida si tengo a Sandra..? ¿En realidad la tengo? Han pasado ya tres horas desde la última vez que la vi. Parecen tres siglos. Cada minuto volteo hacia la puerta, hacia el reloj, hacia el baño, hacia la barra, hacia el baño, hacia el reloj, hacia la puerta, reloj, baño, barra, baño, reloj, Sandra. Sandra cruzaba la puerta con los ojos rojos de llanto. Hasta en ese estado era inmaculada.
-¿Qué pasó? ¿En qué quedaste con tu mamá?
-Se calmó. Pero todavía quiere hablar contigo.
-¿Y conmigo para qué? -sorprendente -¿quiere que pida tu mano? -Sandra sonrió.
-No seas pendejo –reía y limpiaba sus lagrimitas sucias, y supuse que todo se había arreglado -quiere pedirte disculpas -y estalló en una carcajada que inundó todo el bar. Seguro se había escuchado hasta el baño.
-¿Y tu papá?
-Él se fue cuando vio el pleito.
-¿Adónde?
-No sé.
-¿Y si te digo que está aquí?
-¿Dónde?
-Aquí. En nuestra mesa.

11:58 p.m.
-Papá. Este es Federico.
-¿Tú qué haces aquí! ¿Y cómo que esto es Federico!
-A sus órdenes caballero -dije para entrar en la conversación.

12:21 a.m.
El papá de Sandra se había puesto violento. Aventó sillas, mesas, tarros de cerveza. Tres meseros, con gentiles empujones, nos obligaron a abandonar el bar por “alterar el orden” ¿cuál? Si para esta hora “La Roca“ no era más que un prostíbulo donde bailaban las putas con los obreros y los maridos infieles bajo una vulgar luz roja. Pinche matrimonio. Gómez se había robado una botella de tequila de una mesa cercana a la entrada del bar y la bebía con devoción. Sandra trataba de tranquilizar a su padre. El Señor Benito Bianchi era inofensivo pero despedía cierto halo de agresividad y una mirada de odio después de conocerme.
-¡Anda, figlio di puttana! -seguramente había visto eso en “El Padrino“. No hablaba ni jota de italiano y que me insultara de esa manera me causaba gracia. Parecía estar dispuesto a matarme para defender el honor familiar.
-¡Cálmate viejo! No queremos hacer escándalo, las cosas se arreglaron y no hay problemas qué solucionar.
-¿Cómo quieres que me calme si me robaste a mi Solecito! -eso era nuevo para mí.
-Pues el Solecito ya habló con su mamá y arregló las cosas. Vamos solecito, díselo.
-Sí papá. Mamá ya sabe que quiero vivir con Federico y dice que no hay inconveniente -Oh, mi Solecito.
-¿Ah sí?
-¿Qué me dice? ¿Buscamos otro bar para festejar? –sugerí.
-¡No! ¡Yo de aquí no me muevo sin verte sangrar.
-¡Cálmate papá!
-¡Déjese de juegos y cálmese! -apenas terminé de hablar y me infló el ojo izquierdo de un puñetazo -¡cabrón, hijo de puta, le dije que se calmara! -la histeria llegaba a Sandra y Gómez nos miraba con los ojos entreabiertos. Me incorporé para partirme los nudillos en su dentadura postiza. El tipo golpeaba ciegamente al aire y no se daba cuenta de que me movía, Patee su culo un par de veces hasta que saltó sobre mí y me tiró, dejándome a su merced. Trataba de tomar sus manos para evitar los golpes pero estaba vuelto loco, uno de mis pómulos se abrió y dejó correr la roja sangre. Se levantó para terminar de partirle los dientes, amoratar sus ojos y florear su boca. Quise romperle la espalda a patadas pero voltee a mi alrededor y observe la cara incrédula de Sandra y Gómez. Estábamos en una calle por donde ni la gente, ni la policía se pasea, así que no hubo problemas mayores.
Sacudí mi cabeza y ayudé al viejo Benito a levantarse. Nos conocíamos mejor.
-Conozco otro bar cerca -balbuceó el cincuentón.

De noche.

Regreso tarde esta vez, caminado por calles que no conozco y que se extienden como serpientes por la noche. Llegar a casa es siempre igual. Caminar indiferente entre el grupo de muertos adolescentes que se juntan en la entrada de los edificios en los mismos que vivirán cuando la realidad los haya alcanzado para cogerlos por el culo y se hayan convertido en aquello de lo que ahora reniegan. Este es un panorama triste, pero regresar a casa es aún más triste si acabas de dejarla y en la puerta de su departamento te dijo que te desea mas no puedes quedarte. Su vida es un misterio, un dogma. La misma llave, una nueva cerradura. El departamento oscuro porque no hay nadie para encender la luz. Entrar, se siente como caer en ese abismo que tantos han descrito como infinito. Abrazo la soledad en el sillón de la sala. Enciendo un cigarrillo que me hará pensar esa metáfora barata de que la vida se consume en un instante, justo como un cigarro. Todo son patrañas.

Ella se llama Jeannette y nos reímos cuando dice que preferiría que la llamaran Juana. Ella dice que me ama mientras la beso y la deseo. Siempre quiero lo que nunca podré tener. Aquí no puedo concentrarme en nada, de pronto desfilan ante mí ridículas ideas que no se enlazan en ningún punto, como suele suceder con los pensamientos coherentes. De pronto veo a la vieja María Félix saliendo de su tumba para encontrarse con Pedro Infante y su viejo amor Jorge Negrete y luego hacer una danza macabra para los veladores del cementerio que caen muertos del susto, pero que no revivirán porque no son populares, sino del populacho. Estoy quedándome dormido pero no quiero ir con el viejo Morfeo. Todo son patrañas. Pienso que en la música de The Strokes las guitarras son las que hablan y no el vocalista, pero temo que no escucho buena música porque no me gusta ni la Trova ni el New Age, aunque casi puedo llegar al orgasmo con EL crepúsculo de los dioses de Wagner. No logro concentrarme en nada pero sé que etiquetar algo como bueno o malo es siempre un error. Caer en el antiguo dilema del bien y del mal. Este cigarro está acabándose y recuerdo que debo comprar un cenicero más grande y una caja de habanos, aunque sean de los baratos, de los que nunca se fermentarían en una botella de buen escocés. Habanos, Cuba es el culo del mundo, pero un rico chocho para las pijitas de los idealistas baratos. No puedo hilvanar ni una sola idea, mas las palabras de Jeannette vienen a martillarme nuevamente. Te deseo esta noche pero no puedes quedarte, dijo. ¿No podemos utilizar el elevador? No, no pudimos. Emprenderé algún día la búsqueda de un lugar donde nadie nos detenga y estaremos juntos en eso, Jeannette. Tus labios tan delicados me ofrecen siempre un cálido refugio auque ahora son un espejismo... este cigarro puede dar más, al menos una calada más. Sé que mi comportamiento es malo, me gustaría pedirle disculpas de rodillas y crucificarme ante ella para demostrarle cuánto la amo, pero amar es una palabra muy fuerte con la que la mayoría de las personas suelen jugar y divertirse. Amo los atardeceres, amo esto, amo lo otro. Como lo dijera el viejo William Burroughs: el lenguaje es un virus. El amor y el odio, el bien y el mal. Sin ti soy nada Jeannette, pero no puedo quedarme contigo. He perdido el camino de nuevo pero sé que esta es una buena oportunidad de recuperarlo porque la sustancia de la vida está de mi lado. Créeme Jeannette, esta es una buena oportunidad para ambos.
Afuera se pueden escuchar los gritos de una mujer ¡yo podría estar haciendo aullar a Jeannette, maldita sea! Esa mujer que grita en las calles podría estar siendo ultrajada pero nadie acudiría en su auxilio, sería mejor que gritara que algo se incendia, pero aún así no recibiría respuesta en la ciudad condenada a la apatía. No, esa mujer no está siendo violada, son ruidos de una fiesta algunos pisos arriba donde los niñatos se divierten jugando a la botella. Espero que alguno de los participantes tenga herpes bucal y se forme una epidemia. El licor corre por sus venas mientras ignoran la cantidad de estupideces que salen de sus jóvenes bocas ¡Teresa, es una puta! grita uno, ¡puta, puta, puta! Y a continuación el ruido de las botellas de cerveza rompiéndose en la cabeza del bocón. Maldita juventud enferma pero ¿quién soy yo para juzgarla si hace apenas un par de horas estaba deseando revolcarme en la alfombra con Jeannette? Sigo sin pensar en nada claro. Jeannette, su nombre me eriza la piel. Los niños siguen jugándole al adulto pidiendo más licor. ¡Fondo, fondo, fondo! Gritan esta vez y me hacen recordar que guardo una botella de whisky en la vitrina que dejó mi madre, para que haya algunos muebles, dijo. Me sirvo en el vaso de cristal que me regalaron hace tiempo y observo el dorado licor que conseguirá hundirme más en ella. Pide que me corte una oreja y lo haré Jeannette, esta noche soy capaz de todo por ti; esta noche y las que vengan y devengan. Anda, sólo tienes que pedirlo. Eres como el lobo disfrazado de cordero. Sólo tengo que mirar tus ojos para saber que mi tiempo y mi vida se concentran en ti. Jeannette, tengo miedo de ti y quiero correr a contarle a todos lo que siento y que me martiriza.
Enciendo otro cigarro que me hace recordar el verso que compuso Daniel en su honor. Daniel es un buen amigo:

Se acerca la noche...
fiel luciérnaga en mi mano reposa,
sobre mis labios su sabor penetra.
Por cada beso que te doy tu vida se consume.

No soy crítico literario (ni me gustaría) sólo para salvar mis escritos y además porque no he leído lo suficiente como para atreverme a hablar seriamente de ello. La metáfora de Daniel me sorprendió mucho pues no pensé que se interesara por los versos, el suyo tiene una bella intención, mientras que alguien dice:

Come mi mierda, ingiere mi sangre,
vomítalo, defécalo y vuélvelo a engullir.
Después... yo te matare, desmembrare,
te comeré, obtendré tus nutrientes
y los gusanos gozaran de ellos.

Eso puede estar muy bien, a mí no me lo parece y mucho menos cuando fue escrito para joderme. De verdad que me hizo reír y revolcarme en el piso la lectura de tal verso, nunca había inspirado algo semejante y creo que si alguna vez vuelve a suceder, no me escribirán versos, simplemente vendrán a dejarme sin canario para ponerlo en una jaula y colgarla en el dintel de mi departamento. ¿Esa persona era mala o sólo estaba celosa? Nunca lo sabré pero tal vez sus versos no sean tan malos. He leído uno escrito por esos adolescentes podridos como los que siguen bebiendo y bailando arriba, debo tenerlo por aquí en algún lado, en una revista escolar. Debió enunciar que se leyera con seriedad al menos este fragmento, que dice:

Yo no cedo mi parte de luna,
ni por una oncena de putas.
Y si Lalo me obsequia su luna
Apenas tuviera una media luna.

Recuerdo cómo nos desternillamos de risa y luego explotamos nuestra ira cuando leímos esos versos del ingenuo enamorado de su vida, de la de los demás y de Carlos Cuauhtemoc Sánchez. Parece que lo escribió con seriedad aunque no supimos, tal vez sí lo hizo para cagarse en todos los que osan escribir versos y llamarlos poesía. ¡Dios! ¿Tendré yo redención? Redención rima con erección... esto comienza a tornarse un tanto obsceno. Los versos o poemas (si existe el valor de llamarlos así) y la obscenidad en estas palabras me hacen recordar uno que yo mismo escribí cuando pensé en desvirgar a Jeannette.
(Desvirgar, según la Real Academia Española, significa: Quitar a una doncella su virginidad).

Tendría que profanar el sello de tus labios,
segar las flores nacidas en Venus
y dejarme castigar como criminal por las dunas
que se alzan en mi camino hacia tu valle.

Mientras el cielo sangra,
yo vivo en tus ojos y sé
que el fuego que nos consume
arderá por siempre.

A cada paso una llama,
las lenguas latiguean y se yerguen.
El espíritu o la pasión.

¡Pero si no es obsceno, es cursi! Ciertamente, pero sólo si lo leyera desde el punto de vista del joven autor podrido, sería aún más rosa que el suyo; aunque quizá podría considerarlo también como pornografía. Pero sé que eso es mentira y que si con la obscenidad debo sofocar ese olor dulzón del amor que hay en los escritos de tantos jóvenes que como yo, carecen de conocimientos literarios, pues estoy dispuesto a convertirme en un pornógrafo de calidad. Alguna vez escuché, de voz de un crítico que "los escritores actuales, todos, quieren ser nuevos Bukowskis". No estoy de acuerdo con tal afirmación, pues como lo dijera el filósofo Ralph Waldo Emerson en el siglo XIX "Estas novelas darán paso, con el tiempo, a diarios o autobiografías: libros cautivadores, siempre y cuando sus autores sepan escoger entre lo que llaman sus experiencias y reproducir la verdad fielmente". Esto es lo que se suponía en aquel entonces sería la literatura del futuro. Es la literatura del presente. Del presente que viven sus autores, del que nos hacen vivir y de nuestra actualidad. Nunca me abandones Jeannette. Tú eres la única. Vivamos juntos al menos una vida.

Las mujeres bellas están casi vedadas para tipos como yo. En ocasiones me he sentido afortunado por salir con mujeres guapas: Susana fue la primera, seguida por Erika, luego Verónica, después Carmen, seguida por Marina y por último Jeannette. Ellas han sido causas perdidas en el tiempo y otras han sido batallas perdidas antes de comenzar a luchar. Me han abandonado. Jeannette no lo ha hecho aún, pero tengo la certeza de que cuando lo haga yo me hundiré en la tierra y nadie volverá a ver jamás. Los hombres feos, como yo, no tenemos futuro con mujeres bellas. No porque no seamos dignos de tenerlas sino porque con nuestros celos hacia todo lo que las rodea acabamos por destruir nuestro propio mundo. El filósofo de moda, Friedrich Nietzsche, dijo que en realidad el descubrir que alguien le corresponde con su amor debería desilusionar al amante acerca del ser amado. ¿Es lo bastante modesto como para amarte incluso a ti? ¿O lo bastante estúpido? Afirmación contundente capaz de hacer que el inseguro ponga en tela de juicio el amor de aquel que le ha correspondido. Amarlas puede ser la salvación pero también una gran fantasía. ¿Y qué importa si todo es una farsa? Las mujeres guapas son musas, las mejores fuentes de inspiración y, dicen algunos, que de juventud. Perder la cabeza por ellas no debe ser un motivo de vergüenza sino de orgullo. Mas Luis Buñuel dijo alguna vez que en el amor es preferible amar que ser amado, y estoy completamente convencido de que tiene la razón. ¿Qué mejor trance que el de la ceguera causada por el ideal forjado alrededor de una mujer? O mejor aún, vivir en el desamor. Siendo algunas personas inconscientemente masoquistas, les resulta más grato tener esa preocupación de ser abandonados o engañados que agujera sus corazones como un gusano maldito. Dejemos los alimentos por la mujer amada y abandonemos nuestra propia persona cuando ella nos deje. ¿Y a las mujeres feas o las que no son tan guapas cómo aman y quién las amará? Me importan un carajo, me da lo mismo quién y cómo las amen. Yo amo a la mía.

Han pasado ya dos horas desde que llegué a casa. Son las dos con veinticuatro a eme y yo sigo tumbado en el sillón dejando que la noche me consuma y que Jeannette venga a quitarme el sueño con un vaso de whisky con agua en una mano y en la otra un cigarro, el décimo de la noche. Jeannette no fuma ni bebe pero me soporta y no sabría qué pensar cuando me dijera que abandone estos horribles vicios que me conducirán a la muerte, como ella dice; supongo que los dejaría al instante para embriagarme nuevamente pero esta vez con sus labios. El ser cursi puede funcionar en ocasiones, sobre todo cuando tu chica es igual o más cursi que tú, siempre recibirás premios a mitad de la calle y quién sabe, si están en un plano más avanzado tal vez puedas revolcarte con ella más tarde. Jeannette no es como esas, no es una chica común ni fácil de encontrar. Sólo el azar pudo conducirme hasta ella y él se encargará de lo que viene ya sea alejarla o continuar.

Después de cuatro whiskys, me tambaleo a la cocina para revisar el refri pero no hay nada en la casa de un tipo que vive solo. Me acerco a la ventana que da al amplio solar detrás de los edificios. Está abierta para que corra el aire dentro mientras no estoy, entonces puedo escuchar viejos danzones que salen de algún departamento. Es una música hipnótica con la que apuro mi trago para servirme el siguiente.

Así es Jeannette, tú puedes verme desde allá arriba y pensar en el mundito exótico en el que estoy metido. Podemos olvidar el sexo, podemos olvidar los nichos y los ídolos, los corceles y las amazonas pero nunca dejemos de lado esto. Debe permanecer puro y debe crecer, crecer pero nunca reventar. Todo lo que me estás dando me hace lo que soy. Todo lo que me estás dando me hace sentir vivo. Apenas puedo pensar. A partir de este día no podré seguir escondiéndome. Tú pruebas mis miedos y mi dolor. No puedo seguir aguantando este maldito sentimiento que siempre está poniéndome de rodillas. Dices que estoy tomando tu vida y siempre me picas con eso. No hay nada lo suficientemente exótico, sólo las sangre que guardas en tus frascos. Todas esa cadenas y grilletes de la prisión que estás creándome no me resultan tan incómodas, pero saber que atrapas mi espíritu me hace desear correr lejos y dejarte aquí. Por que no estoy seguro de querer darte mi alma, pues ya tienes mi cuerpo. Estoy borracho y Dios y su hijito Jesucristo son un par de cobardes. Las blasfemias son para los niños.

El alcohol está trabajando pero todavía no quiero dormir. No quiero porque eso implica soñar y no me gustan mis sueños simplemente porque no puedo recordarlos por la mañana... siempre es un nuevo día y la noche comienza a volverse púrpura y se pone más roja como los mares de sangre derramados durante siglos de historia. No hay nada tan exótico como la historia misma.

Un amanecer mas, uno menos.

Desde muy pequeño padeció del sueño, quizá no como en las últimas noches. Tres días atrás había recibido una noticia que le cambió el panorama de su vida y la de Mirna su mujer, pronto serían padres. En realidad anhelaba descendecia, pero no en un mundo como en el que vivía, donde "la gente se complace con tan poco, la calidad humana se desvirtúa cada vez más y pretendemos ser felices cuando en realidad estamos vacíos", y terminaba diciéndole a Mirna "tú y yo estamos lejos de eso".
Cuando niño despertaba ya avanzada la noche llorando y pidiendo por sus padres, que vivían lejos de él y de su hermana; le aterrorizaba la idea de quedarse solo el resto de su vida aunque disfrutaba precisamente de los momentos en los que nadie lo acompañaba. Soñaba con el fin del mundo, del que tanto le habían contado las religiosas de la escuela. Esas monjas que miraban siempre al piso pero que de vez en cuando reprendían a una que otra oveja descarriada con gloriosos y santificados fuetazos. En sus sueños se veía como único sobreviviente al sonar de la séptima trompeta, solo, iluminado por el resplandor del rojo cielo.
Fue un niño regularmente normal -a veces muy estúpido, otras depresivo-, nacido en el seno de un matriarcado casi perfecto. Creció y se regocijó tan católico como el que más. Este niño vivió complacido aunque lejos de sus padres. En alguna de esas visitas que sus padres solían hacerle a su hermana y a él, el pequeño olvidó quienes eran esos señores que lo veían con un extraño aprecio, había olvidado a sus padres.
Los sueños continuaron mientras crecía. Estas ensoñaciones se volvían más permanentes. Las imágenes se iban, pero la sensación de vacío que le causaban se quedaba en él. Conforme los años transcurrían su actitud cambió. Siempre había sido un tanto estúpido y presumido, y en cada etapa de su corta vida (infancia, pubertad, etc.) lo demostraba: como infante católico siempre tuvo la Biblia más gruesa o cuando adolescente "rebelde" fue el que más insultos les dijo a sus padres o a la "sociedad". Siempre tan anclado a su edad. Su acné adolescente desapareció mas el insomnio permanecía desde la infancia. Llegó a parecerle algo normal que sufriera jaquecas por las mañanas a causa de la falta de sueño hasta que descubrió que no todos veían la aurora al menos cuatro veces por semana. Los dolores de cabeza provocados por el insomnio eran insoportables y los que le provocaban los antidepresivos -que robaba del cajón de su abuela- eran aún peores, mas el efecto que surtían en él regían su vida, aunque fuera por unas horas.
"Será niña" dijo Mirna mientras un par de lágrimas escurrían por sus mejillas, el llanto de felicidad de su esposa lo conmovía poco a pesar de querer criar a una niña. Quería llamarla con el nombre de su sueño más recurrente, la Aurora. Ella sí tendría padres de tiempo completo. Pudo saborear las lágrimas de Mirna mientras ella le acercaba su rostro. Federico no sabía que hacer, así que fue al baño e intentó vomitar pero recordó su ayuno. Todo era inutil, cada vez que la noche llegara ya no tendría que luchar contra la idea del Apocalipsis, sino con el futuro que le deparaba a su primogénita. Se consolaba por unos momento, al menos hasta conciliar el sueño, masticando raíces de valeriana y acariciando la delicada barriga de Mirna. Pero esa noche no bastó con eso.
Era un monstruo, un demente que se había dispuesto a enviar a una inocente a un mundo cruel al que ni él mismo había sobrevivido. Ni la valeriana, ni el calor del cuerpo que abrazaba eran suficientes para calmarlo y hacerlo conciliar el sueño, al menos por la hora que resta para levantarse e irse a la fábrica. ¿Era en verdad un asesino? La pequeña no merecía padecer una vida en un lugar como ese, la única que podría vivir. Comenzó a dar vueltas en su lado de la cama.
-¿Qué te ocurre, otra vez el insomnio?- dijo Mirna sin incorporarse. –la vida es una puta ¿sabes?- espetó Federico. –las putas tienen buenos momentos, como los que nos esperan. – contestó Mirna sin afán. -La vida es una puta- cerró él. A Mirna no le costó mucho volver a dormir, eso era algo que él envidiaba. A ella no le importaba si la vida en realidad era una mierda, ella gozaba de la vida y eso siempre le había funcionado bien.
Se levantó, caminó por el departamento de INFONAVIT* que habitaban. Esta vez no había consuelo. Sería imposible cambiar el mundo, pero había pensado en una solución. Fue a la cocina y abrió el cajón donde guardaban los cuchillos. La madrugada estaba por iluminarse. Caminaba descalzo pisando uno que otro insecto, nada le importaba, estaba decidido a terminar con el Viacrucis que le esperaba a su hija.
Se detuvo frente a Mirna porque le complacía verla tan quieta. El frío del amanecer le caló hasta las rodillas. Caminó unos pasos y se inclinó para besarle la frente a su mujer. Sostenía el cuchillo en la mano derecha y con la izquierda abrió la cortina de su habitación. Volvió con Mirna y sin más le clavó el frío metal en el vientre, una y otra vez hasta completar dieciocho puñaladas. La mirada de Mirna lo seguía como pidiéndole una explicación. Las sábanas se manchaban de rojo mientras el cielo era pintado por la aurora.
Federico volvió a la cama, acarició la barriga de Mirna y durmió a su lado.


*INFONAVIT, Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores. Encargado de otorgar crédito para que los trabajadores puedan adquirir su vivienda.

Saturday, January 05, 2008

El Idiota II

Deja que me acueste en tu regazo
para tomar la siesta vespertina
y que el viento ufano del atardecer
me despierte con un suave roce
que, ingenuo,
confundiré con tus labios.

Pero no,
debí cansarme de soñar hace tiempo.

Wednesday, November 07, 2007

otoñal


vine para lamer el viento
con la nostalgia del pasado
como única compañera
ahora la confusión
tiene un propósito
nos movemos separados
en caminos diferentes
donde siempre estoy un paso atrás

hay luces brillantes
que sumerjen todo
en su resplandor naranja
en este lugar
símbolo de mis pérdidas
o acaso de la memoria
de mis esperanzas y anhelos

clavada como una astilla
en mi piel
te encuentro tan provocativa
no hay razón
mucho menos sentido
en deshacerme de ti
estoy ligado a tu esencia
mucho más que a tu carne
te sabes poseedora
de mi espíritu
y aún así lo desprecias
jamás fuiste el medio
sino el fin de mis acciones

quizá fuera mejor
abandonar toda esperanza
mas no me atrevo
porque continuar así
sería imposible
para alguien como yo

¿y a dónde iré entonces
cuando la persistencia de esta pérdida
sea más grande
que nada dentro de mí?

sin sacrificarme
jamás sería vencedor
sin el sacrificio
la recompensa no sería tan grande

y así tan de noche
convertido en esta bestia esclavizada
lamido por el viento
me pregunto
si acaso es el brillo de tus ojos
lo que ilumina aquellas nubes

Sunday, October 07, 2007

El idiota



Otoño enrojece el cielo
como si un rocío de sangre lo cubriera

Incapaz de despertar
adormecido por la saliva
del cadáver que llevo a cuestas
cual compañero, guía y lápida
y que habrá de conducirme
ya a la tumba, ya al Leteo.

El muerto me hace dormir
cuando he de tener los ojos abiertos
ante la vigilia que comienza.
Este cuerpo inerte
inútil y pesado como su propia alma
me impide levantar la cara
y la sacude con sus manos descarnadas
manteniéndome despierto
cuando debo descansar.

Saturday, September 15, 2007

PROSTITOUR


Este video fue realizado no para que se masturbaran con él, sino para ser proyectado y nada más. Es un video voyeur, si se quiere, morboso; pero ese no es su fin. Es un documento que registra la interacción en las calles donde hay más prostitutas... perdón, SEXOSERVIDORAS y SEXOSERVIDORES, entre ellas/os y sus clientes. Pero si hay quien lo ve solamente para satisfacer su morbo, allá él. Ha sido visto 22,445 veces en YouTube hasta el momento ¿Por qué? Pues porque entran por morbo.

¿Y por qué este sólo tiene 113 visitas? Si lo hice con los mismos fines.